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¿Cómo detectar los malos hábitos orales en la infancia?

Hábitos orales en niños y su relación con la ortodoncia

Muchos de los problemas que llevan a necesitar una ortodoncia son de origen genético o hereditario, pero también hay determinados tics y hábitos bucales que pueden acabar creando problemas en el desarrollo orofacial.

Es muy importante una detección precoz de estos hábitos orales durante la infancia, porque más del 50% de las maloclusiones en dientes permanentes son debidas a estos hábitos.  Una maloclusión es una malposición de los dientes superiores e inferiores que impiden que encajen como debieran. En Gio Dental, recomendamos recomendamos la visita a nuestra ortodoncista desde la salida del primer diente para el diagnóstico temprano de las maloclusiones.

Los hábitos orales son acciones involuntarias, repetitivas y duraderas en el tiempo que pueden ser suprimidas por mecanismos de reeducación. No cumplen ninguna función, y, en cambio, ejercen fuerzas perjudiciales sobre los dientes, maxilares, encías y tejidos blandos de la boca, produciendo así alteraciones en el desarrollo oral y deformaciones dentoesqueléticas.

¿Qué deben observar los padres para detectar la presencia de estos hábitos perjudiciales en los niños?

  • ¿Tiene problema para cerrar los labios?
  • ¿Permanece siempre con la boca abierta?
  • ¿Tiene costumbre de chuparse el dedo?
  • ¿Tiene ojeras pronunciadas?
  • ¿Ronca cuando duerme?
  • ¿Tiene las encías inflamadas?
  • ¿Coloca la lengua en posición baja y al tragar saliva ésta empuja los dientes?
  • ¿Tiene más de un año y no ha incorporado en su alimentación todas las consistencias?

Los hábitos orales más habituales son:

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Deglución atípica e interposición lingual

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Respiración oral

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Succión digital y labial

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Uso prolongado del chupete y biberón

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Dieta excesivamente blanda

  1. Deglución atípica e interposición lingual. Es un tipo de deglución fisiológica desde la vida intrauterina hasta la erupción de los incisivos y consiste en la interposición de la lengua entre los dientes superiores e inferiores al tragar. Si este hábito persiste más allá de los cuatro años de edad del niño, puede producir deformación del paladar, mordida abierta anterior (se produce la imposibilidad de juntar los dientes al cerrar la boca), proyección hacia delante de los dientes anteriores superiores e inferiores y por tanto falta de sellado labial, lo que origina problemas en la pronunciación.
  2. Respiración oral. La respiración correcta es la nasal, si se respira por la boca de manera habitual de día y de noche pude deberse a la presencia de un obstáculo que impide el paso correcto de aire por la nariz (alergias, amígdalas, vegetaciones pólipos, tabique nasal desviado…). La respiración oral impide el crecimiento adecuado de los maxilares y favorece el desarrollo de gingivitis y sequedad bucal, además como la lengua se sitúa en una posición baja en la boca para permitir el paso del aire, no estimula el crecimiento en anchura del paladar, y esta posición mantenida en el tiempo provoca que la mandíbula crezca hacia abajo y no hacia adelante, lo que produce un alargamiento facial.
  3. Succión digital y labial. Que un niño se chupe el dedo es relativamente habitual. Si estos hábitos se eliminan antes de los 3 años de vida, las repercusiones suelen ser reversibles y mínimas. Sin embargo, si perdura en el tiempo, suele deformar la mordida del niño (creando sobre todo mordidas abiertas y compresiones del maxilar). A veces la deglución atípica se acompaña de una interposición del labio entre los incisivos superiores y los inferiores. Estos pacientes, colocan el labio inferior por detrás de los dientes superiores (como si se mordiesen el labio inferior). El labio inferior acaba con el paso del tiempo inclinando los incisivos superiores hacia fuera de la boca y apiñando los inferiores hacia dentro. Esto hace que los dientes se desplacen para crear su hueco y crea la sensación de que los incisivos centrales superiores (“las palas”) quedan fuera de la boca. Estos hábitos suelen ser más difíciles de corregir que, por ejemplo, el uso prolongado del chupete (que se le puede retirar, y no así su propio dedo o el labio inferior).
  4. Uso prolongado del chupete y biberón. El hábito de succión es normal en la vida intrauterina y en los primeros meses de vida, pero a medida que erupcionan los dientes de leche, los niños deben abandonar este hábito y comenzar a masticar. Se recomienda retirar el chupete a los 12 o 18 meses de edad (y en ningún caso superar los 2 años), ya que si este hábito continúa en el tiempo puede producir deformación en el paladar y mordida abierta. Un uso prolongado del chupete, podría causar efectos totalmente indeseables tales como mordida abierta anterior, compresión maxilar o incisivos protruidos. De esta manera respetamos la necesidad inicial fisiológica de succión, sin interferir en la posterior erupción dentaria y desarrollo de los maxilares. Un uso prolongado del biberón produce los mismos efectos adversos. También conviene alternar a partir del primer año este, hasta cesar el uso del mismo.
  5. Dieta excesivamente blanda. El tipo de alimentación que se da en los primeros años de vida, tiende a ser cada vez más blanda, durante un periodo de tiempo más prolongado: pan de molde sin corteza en vez de bocadillos de pan crujiente, bebidas de fruta triturada, purés y cremas, yogures. Este tipo de alimentos son más fáciles de tragar y digerir, ejercitando menos la musculatura masticatoria y produciendo un menor desarrollo de los maxilares. Al existir una alteración de estos maxilares, suele existir una discrepancia entre el tamaño de estos y el de los dientes. Esto puede causar falta de espacio y apiñamiento, entre otras causas. Además, la dieta blanda tiene un efecto cariogénico. Estos alimentos, se adhieren con facilidad a los surcos, fisuras y diferentes regiones de la anatomía dentaria. Esto dificulta el correcto cepillado.

¿Tienes dudas sobre los malos hábitos orales en los niños?

Ponte en contacto con nosotros. En Gio Dental te ayudaremos.

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